Sergio/ mayo 22, 2019/ Consejos de salud

El experto psicólogo Fermín Gallego nos da las claves necesarias para conocer más sobre esta enfermedad y cómo combatirla.

La ansiedad o angustia es una emoción que todo el mundo experimenta alguna vez ante determinadas experiencias de la vida o circunstancias del entorno. Aparece para hacer frente a una situación que la persona percibe como una amenaza para su seguridad, o la de los suyos, e intenta reducir las consecuencias negativas que puede producir. Es, por tanto, una reacción natural de alarma ante la percepción de un peligro potencial o de una pérdida de control sobre el entorno.

Sin embargo, en algunos casos la ansiedad puede llegar a convertirse en un trastorno. Esto ocurre cuando las personas afectadas lo experimentan excesivamente intensa o frecuente, ante situaciones cotidianas que no deberían producir, y se sienten incapaces de controlarla. Esta ansiedad interfiere en la realización de las actividades de la vida diaria y merma la autonomía de la persona.

Los trastornos de ansiedad representan uno de los problemas de salud mental más frecuentes y a menudo aparecen en asociación con otras enfermedades mentales.

Tipos de trastornos de ansiedad

  • Agorafobia. Se caracteriza por evitar espacios y situaciones que pueden generar una reacción de ansiedad en la persona y que pueden hacer que se sienta atrapada, sin posibilidad de huir, como las aglomeraciones, las tiendas, los restaurantes, los ascensores, etc.
  • Ataques de pánico (crisis de ansiedad o crisis de angustia). Son episodios repentinos de miedo o malestar intensos que a menudo acompañan de síntomas tales como palpitaciones, sudoración, temblores, escalofríos, sensación de ahogo, miedo a perder el control o volverse loco. Estos síntomas llegan a su máxima expresión durante los primeros 10 minutos y generalmente desaparecen en menos de una hora.
  • Fobia social. Las personas afectadas experimentan altos niveles de ansiedad cuando se encuentran delante de otras personas por miedo a ser juzgadas negativamente al sentirse inferiores y diferentes. A menudo conduce al aislamiento social o el consumo excesivo de alcohol para desinhibirse.
  • Fobias específicas. Algunas situaciones concretas producen un miedo intenso y persistente, como viajar en avión, ir al dentista, ver sangre, determinados animales, entre otros.
  • Trastorno de ansiedad generalizada. Hace referencia a la preocupación constante y desproporcionada de la persona por situaciones cotidianas durante un largo periodo de tiempo. Comporta síntomas físicos, tales como tensión muscular, insomnio, cansancio e irritabilidad.
  • Trastorno de ansiedad debido a una enfermedad. La ansiedad es consecuencia de un problema de salud físico, tales como la diabetes, las enfermedades del corazón, o el hipertiroidismo.
  • Trastorno de ansiedad inducido por sustancias. Se asocia al consumo, abuso o dependencia de una droga.
  • Trastorno de ansiedad no especificado. Se diagnostica cuando no reúne los criterios definidos para el resto de trastornos.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo. Las obsesiones son ideas o pensamientos persistentes que provocan miedo y malestar. Para intentar controlar y neutralizar estas obsesiones, la persona afectada realiza comportamientos repetitivos y rituales llamados compulsiones. Algunos ejemplos son: la suciedad (obsesión) y lavarse las manos (compulsión), y el miedo a un ladrón (obsesión) y comprobar si la puerta de casa está cerrada con llave (compulsión).
  • Trastorno por estrés postraumático. Aparece como consecuencia de haber vivido una experiencia que ha puesto en riesgo la vida de la persona que lo padece o de otro, como agresiones, atentados, accidentes, etc. Habitualmente las personas afectadas reviven la situación traumática en contra de su voluntad con reacciones intensas de ansiedad.

Causas

Cualquier situación en que pueda producirse una sensación de pérdida de control o en que se vea comprometida la seguridad, es susceptible de dar lugar a angustia por parte de la persona que la vive. Las más evidentes son las situaciones que implican un peligro físico, ya sea real o como amenaza; pero también se puede producir ante situaciones que incluyen elementos fóbicos (viajar en avión, dentista, inyecciones, espacios cerrados, etc.), situaciones de gran incertidumbre a diferentes niveles (social, económico, familiar …) o, incluso, situaciones cotidianas (intentar dormir, estudiar, trabajar, etc.). Otras posibles causas pueden ser: un problema de salud físico, el consumo de drogas, una experiencia traumática, la acumulación de estrés y otros trastornos de salud mental.

En cuanto al desarrollo de los trastornos de ansiedad, los investigadores afirman que intervienen factores psicológicos, genéticos y ambientales.

Síntomas

La ansiedad puede producir tres tipos de síntomas:

  1. Psicológicos: preocupación, miedo, inseguridad, inquietud, dificultades de concentración, pensamientos negativos sobre uno mismo, insomnio, etc.
  2. Físicos: sudoración, temblor, palpitaciones, tensión muscular, dolor de cabeza, mareo, respiración rápida (hiperventilación), sensación de ahogo, molestias gastrointestinales, boca seca, entre otros.
  3. Conductuales: llorar, tartamudear, hacer movimientos repetitivos, quedarse paralizado, fumar, comer o beber en exceso, y evitar las situaciones que producen el estado de ansiedad.

No todas las personas presentan los mismos síntomas ni los experimentan con la misma intensidad.

Tratamiento

La ansiedad es una emoción natural, no patológica de por sí, por lo que lo más importante es reconocerla como tal y saber gestionar. Ante la aparición de síntomas propios de la ansiedad, es importante que la persona sepa manejar esta emoción para que no se sienta desbordada por ella ni se altere excesivamente su vida cotidiana o la percepción del entorno.

Cuando la ansiedad desborda la persona que la padece, afecta la autonomía de la persona o altera la realización de las actividades de la vida diaria, es necesario el inicio de un tratamiento específico para controlarla. En estos casos, el tratamiento combina medicamentos y terapia psicológica.

Los medicamentos más utilizados son los ansiolíticos, que reducen rápidamente los síntomas del trastorno. Únicamente se deben tomar bajo prescripción médica y sólo durante un máximo de entre 8 y 12 semanas. Para evitar riesgos, en ningún caso se deben dejar de tomar voluntariamente y de forma brusca, sino cuando lo indique el médico y con una reducción gradual de la dosis. Progresivamente se irán sustituyendo por técnicas de autocontrol.

La terapia cognitivo-conductual es la técnica de apoyo psicológico más eficaz para los trastornos de ansiedad. Incluye tres tipos de intervenciones:

  1. Técnicas cognitivas. Ayudan a identificar y neutralizar los pensamientos erróneos en la interpretación de la realidad causantes de la reacción de ansiedad.
  2. Técnicas de relajación. Contribuyen a disminuir la tensión muscular, mejorar la respiración y reducir el estrés.
  3. Técnicas centradas en la conducta. Trabajan la exposición a los estímulos o las situaciones que provocan la ansiedad y enseñan habilidades personales y sociales para hacerles frente.

El tratamiento suele durante unos meses, en función del tipo de trastorno, la gravedad o la colaboración del paciente.

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