El estrés y la vida familiar

Sergio/ octubre 2, 2016/ Consejos de salud/

“…. Me paso todo el día corriendo desde que suena el despertador hasta que me acuesto (prepara desayunos, acompaña a los hijos a la escuela, ve en el trabajo, trabaja horas y horas, pasa por el supermercado en comprar, prepara baños, cenas, ayuda con los deberes, …) y, finalmente, parece que te sientas un rato en el sofá, para charlar con la familia y no sé por qué pero a los cinco minutos no me recuerdo de la conversación y no me despierto hasta que uno de mis hijos o mi pareja me da un codazo y me dice: ¿Qué no me escuchas? Siempre haces lo mismo …, no hay derecho a que me ignora ! ”

No sólo es habitual oír una historia como esta, sino que cada vez es más frecuente encontrar gente que a la pregunta “¿cómo estás?” Nos responden “muy estresados !!!”

No estoy estresado si me siento con un nivel de activación alto, que hace que me sienta con ganas y predispuesto a hacer cosas y, incluso, a superar retos. Mantenerse con cierto nivel de activación es imprescindible para sentirse bien. Por lo tanto, mantener cierto nivel “la adrenalina” es bueno. Esto es estrés positivo.

mujer estresada

¿Estás realmente estresado?

Estoy estresado cuando me siento mal, triste, frustrado porque pienso que la situación me supera, y que no tengo capacidades o recursos suficientes para superarla. En este caso el nivel de activación es excesivo.

Siento que me paso el día corriendo arriba y abajo, pero
que a pesar del esfuerzo que hago no soy capaz de hacer bien el trabajo, de educar y cuidar de mis hijos, de ser una buena pareja, etc. Siento que haga lo que haga, la situación me supera constantemente. Pienso que “todo es muy difícil y complicado, que no puedo superarlo”. Esto hace que esté nervioso e irritable y que salte por cualquier cosa, me peleo constantemente con mis hijos, con la pareja y con mi entorno. Esto es estrés negativo.

 

¿QUÉ ES EL ESTRÉS?

El estrés se origina como una respuesta corporal no específica (dilatación de las pupilas, mejora de la audición y de la vista, tensión muscular, aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, etc.) ante cualquier demanda que se le hace al organismo. Es como una respuesta automática, de origen genético, similar a la de los animales, que nos capacita para valorar en pocos segundos y de manera inconsciente una situación como amenazante, nueva o como un desafío y que nuestro organismo se active por afrontarla.

Es natural que ante situaciones desconocidas o de incertidumbre, no podamos evitar este tipo de respuesta corporal. Como, por ejemplo, cuando nuestros hijos nos piden por primera vez ir solos a la escuela, nos piden o nos preguntan por primera vez sobre el sexo, quieren salir de noche, etc. En el fondo, nuestro cuerpo nos está activando para afrontar correctamente estas situaciones, estamos ante el estrés positivo.

A veces el estrés negativo se va formando lentamente como resultado de la magnitud y la cuantía de las exigencias: un largo horario laboral, las frustraciones y dificultades diarias de vida y de trabajo. El estrés negativo es el resultado del desequilibrio entre las exigencias y presiones a las que se enfrenta el individuo, por un lado, y sus conocimientos y capacidades, por otro.

EL ESTRÉS Y LAS RELACIONES FAMILIARES

El estrés afecta la salud de la familia. Es muy difícil sufrir de estrés sin que los demás lo sufran. Con frecuencia llevamos a casa el estrés del trabajo o de la calle y hacemos que el cónyuge o los hijos paguen por situaciones que les son ajenas, o a la inversa. Los padres o hijos y las madres o hijas tienen formas diferentes de responder al estrés. Los padres o hijos tienden a alejarse, refunfuñar y encerrarse en sí mismos. Las madres o hijas, con frecuencia, interpretan el comportamiento masculino como una falta de amor hacia ellas, pero simplemente es la reacción masculina al estrés. Las mujeres se agobian, reaccionan de forma exagerada por pequeñas cosas y se sienten muy agotadas. Los hombres, en lugar de brindar ayuda a la mujer perturbada, se enfurecen porque ella está molesta, y la incomprensión de ambos agrava la situación.

familia estresada

LAS CAUSAS DEL ESTRÉS

No son las circunstancias que nos pasan en sí mismas las que nos causan la tensión, sino la forma en que las interpretamos. Por ejemplo, de dos personas despedidas de un mismo trabajo, una se desespera al pensar en sus compromisos, mientras que la otra dice “he perdido este trabajo, pero seguro que me está esperando otro mejor” y empieza a buscar -el.

LA EDUCACIÓN DE NUESTROS HIJOS Y EL ESTRÉS

El hecho de ser padres puede ser una fuente o causa de estrés. Es cierto que la primera vez que tenemos nuestro bebé o hijo entre los brazos, es normal que sentimos estrés. Es una experiencia nueva para nosotros, nuestra memoria -emocional- no tiene ningún registro similar sobre qué es lo que tenemos que hacer en ese momento y en los posteriores minutos, horas, días y años. Por lo tanto, nuestro cuerpo nos activa para responder ante aquella situación.

Incluso, puede que valoramos la situación como una posible amenaza y empezamos a pensar cosas similares a las siguientes: “no tengo ni idea”, y “ahora bien lo que tengo que hacer”, “no sé si me saldré “,” no sé si estoy preparado para ser un buen padre / madre “. En cambio los que son padres por segunda, tercera o más veces, ya tienen detrás la experiencia de saber que se saldrán, con lo cual en lugar de entender la situación como amenazante, saben que es un momento o una situación para disfrutar y ser felices.

discusion familiar

¿Cómo gestionar MIS EMOCIONES FRENTE DE MIS HIJOS?

No siempre es posible deshacerse de todas las fuentes de estrés, pero sí es posible gestionar bien mis emociones y / o nervios y los de mi familia para mejorar las relaciones familiares.

El primer paso como padres es asumir que el enojo, la rabia o cualquier otra emoción no es consecuencia directa del comportamiento de nuestros hijos (el llanto de un bebé, que nuestro hijo derrame el jugo de naranja, que nuestro hijo se deje la chaqueta en la escuela, etc.) sino que es consecuencia de nuestra frustración o impotencia por no poder controlar la situación. Incluso, es posible que a veces ni siquiera nos inmutamos ante los mismos hechos. Por lo tanto, somos nosotros los que nos subimos o no subimos a encima del “Dragon Khan” de las emociones.

Nosotros podemos decidir si nos dejamos llevar por pensamientos automáticos (llamamos pensamientos automáticos porque si no los contrarrestamos ya no hay marcha atrás) y son del tipo: “qué desastre”, “siempre lo mismo”, “no puedo controlarlo” , “no puede ser que me tome el pelo de esta manera”, “ahora se enterará quién es el que manda en esta casa”, etc.

También es muy importante observar la respuesta corporal de nuestros hijos para aprender a identificar cuando están encima del “Dragon Khan” de las emociones, es decir, con semáforo de color rojo: habla acelerada, sonrojo, respiración acelerada, tensión corporal , etc., para evitar hablar con ellos en este momento sobre un tema conflictivo.

Es de esperar que esté el semáforo en verde: habla más pausada, expiración, silencio, relajación corporal, si es necesario incluso los dejaremos un rato solos, hasta que bajen del “Dragon Khan”, para hablar sobre lo que sea necesario, aclarar la situación y llegar a un acuerdo.

Es necesario que tomemos el enojo, la rabia y el resto de emociones como un aviso para cambiar aquellas cosas que no nos gustan. Hay que iniciar a la familia en la costumbre de discutir siempre las cosas cuando ha pasado “calor” del momento.

 

ESTRATEGIAS PARA REDUCIR EL ESTRÉS

Resolvamos los problemas sencillos. Aprender a resolver los problemas cotidianos nos hace sentir que tenemos el control. Aprender a evaluar la situación con calma, a pensar en las opciones que tenemos y emprender los pasos necesarios para resolver el problema nos permitirá aumentar la confianza para resolver problemas más complejos.

Establecemos normas o reglas de funcionamiento doméstico. Para muchas familias, las rutinas diarias generan grandes tensiones. A menudo las áreas o motivos de conflictos se centran alrededor de las obligaciones domésticas, los deberes, las comidas, las relaciones entre hermanos, etc. Un buen punto de partida consiste en decidir qué comportamientos nos resultan más difíciles y después hacer una lista de reglas claras y aplicarlas de manera uniforme.

familia sin estres

Digamos no a la hora de adquirir compromisos extraordinarios.

Seamos realistas. Ni intentamos ser perfectos, ni esperamos que los demás lo sean. Pretender la perfección significa entrar en una escalada de presión constante. Si necesitamos ayuda en algo, tenemos que aprender a pedir ayuda. Equivocarse es humano.

Disponemos de tiempo de ocio para nosotros mismos. Tenemos más probabilidades de perder la paciencia cuando estamos cansados o sobrecargados de trabajo. Procuramos ser conscientes de nuestras limitaciones y reconocer cuando empezamos a estar abrumados. Antes de llegar a casa, tomemos hacernos un descanso, paseamos un rato, o hacemos alguna actividad que nos guste. Cuando tenemos cubiertas nuestras necesidades individuales nos sentimos serenos, contentos y satisfechos con nosotros mismos.

Tengamos cuidado de los postres pensamientos. Podemos controlar la forma en que miramos o percibimos la situación (vaso medio vacío o vaso medio lleno). Por ejemplo, una emergencia financiera puede considerarse como el fin de nuestros planes para viajar a ver a los abuelos, o, en cambio, como una oportunidad para relajarse y disfrutar de la ciudad. Una buena dosis de optimismo nos ayuda a salir adelante en situaciones difíciles.

Practicamos alguna actividad física. No depender de sustancias como el tabaco, la cafeína y el alcohol. Todo lo contrario, la práctica de ejercicio físico nos permite generar endorfinas que facilitan que mejore nuestro ánimo, y por tanto nuestra confianza para mejorar la situación.

Dormimos bien. Cuando se duerme la cantidad de horas necesarias, el cuerpo y la mente se mantienen en buen estado, pueden manejar más fácilmente cualquier situación estresante.

Aprendemos a relajarnos. El antídoto natural del cuerpo para el estrés se llama respuesta de relajación. Podemos aprender algunos ejercicios respiratorios para relajarnos ante situaciones estresantes. Encontramos ratos para disfrutar de aquellas actividades que nos calman y nos permiten disfrutar: leer un libro, practicar nuestra afición favorita, jugar con nuestro animal doméstico, etc. Un ratito dedicada a relajarnos nos permitirá mejorar la calidad del tiempo que pasamos con nuestra familia.

Pedimos ayuda. Las personas y las familias más fuertes son las que admiten que en ocasiones el estrés negativo es demasiado intenso como para gestionarlo solos. Se puede recibir ayuda recurrir a los amigos y familiares y al consejo de los profesionales.

bebe estresado

SUGERENCIAS PARA PREVENIR EL ESTRÉS EN NUESTROS HIJOS

 

  1. Pongámonos frecuentemente en su piel. Intentamos ver las cosas desde su perspectiva. No subestimamos ni consideramos que son demasiado pequeños para sufrir de estrés.
  2. Aprendamos a interpretar los síntomas de estrés infantil. Uno de los primeras señales puede ser el insomnio. Algunos niños les interiorizan en forma de dolor de estómago, jaquecas o fatiga. Otros lo manifiestan con tics como el de morderse las uñas o estirarse el pelo, o en forma de rabietas y ataques de agresividad.
  3. No les contagiamos nuestro acelerado ritmo de vida. Evitamos sobrecargarlos de actividades después de la jornada escolar. Dejémosles todos los días tiempo libre para jugar, correr al aire libre o no hacer nada en particular. Enseñémoslos a relajarse. Practicamos con ellos yoga o compartimos todos los días unos minutos de baile o de ejercicio físico. Aprovechamos los ratos como el baño para reducir la tensión. Aprendemos a hacerles masajes ocasionalmente.
  4. No les reprimimos por sistema; ayudamos a expresar su frustración. En situaciones límite, permitimos de que llamen contra una almohada o que corran hasta que se cansen y disminuye la angustia.
  5. Procuramos no transmitir nuestras preocupaciones de adulto al niño y mucho menos descargar sobre ellos nuestra propia tensión. Los niños siempre tienen a sus padres como modelos o ejemplos a seguir, y es muy fácil que los encomendamos nuestro estrés.
  6. Hablamos con nuestros hijos. Aprovechamos el momento de la cena para hablar y enseñarles a exteriorizar sus sentimientos.
  7. Controlamos el tiempo que pasen delante de la televisión y los ordenadores, que pueden provocar lo que se denomina estrés visual. Potenciamos la interacción o relación con otros niños.
  8. Potenciamos la risa: el humor compartido a veces es la mejor manera para aliviar las tensiones.